El partido Habayit Hayehudi (NRP) dijo esta semana que los soldados debían obedecer ciegamente las órdenes que se les impartían. El partido Unión Nacional dijo en cambio que
los soldados de Tzahal tienen conciencia propia y no se les debe dar la orden de expulsar a Judíos de sus hogares. A continuación un análisis de Moshe Feiglin del Likud sobre lo que hay detrás de esta controversia.
Como resultado de mis esfuerzos para detener el colapso de Oslo, fui sometido a un juicio por “sedición”. Le pedí a los jueces que me permitieran leer un pequeño fragmento de un libro que traía conmigo. Los jueces estuvieron de acuerdo, y para su sorpresa saqué de mi maletín “El Principito” de Antoine de Saint Exupery:
“Su majestad – sobre que reina usted?”
“Sobre todo – dijo el rey, con sencillez magnífica.
El rey hizo un gesto, señalando a su planeta, los otros planetas, y todas las estrellas.
“Sobre todo eso?” – preguntó el principito.
“Sobre todo eso”, respondió el rey.
Su gobierno no sólo era absoluto, también era universal.
“Y las estrellas le obedecen?” ![]()
“Ciertamente lo hacen”, dijo el rey. “Obedecen al instante. No permito la insubordinación”.
“Me gustaría ver una puesta de sol… ¿Seria tan amable?… Ordene una puesta del sol…”
“Si le ordenara a un general volar de flor en flor como una mariposa, o escribir una drama trágico, o que se transformase a sí mismo en un ave marina, y el general no cumpliera la orden, ¿quien de nosotros estaría equivocado? ” pregunto el rey, “El general, o yo?”
“Usted”, dijo el principito con firmeza.
“Exacto. Hay que exigir de cada uno lo que cada uno puede dar”, continuó el rey. “La autoridad se basa en primer lugar en la razón. Si ordenó a mi gente que se tire al mar, se levantarían en una revolución. Tengo el derecho a exigir obediencia porque mis órdenes son razonables” (El Principito, Antoine de Saint Exuperyי, capítulo 10). ![]()
Es un error pensar que un estado funciona solo dentro de los límites de la ley. El público no obedece las leyes, obedece reglas dentro de los límites de un triángulo, uno de cuyos es la ley. Pero el triángulo tiene otros dos lados: el sentido común y la ética.
¿Qué pasaría si la Knesset aprobara una ley que obligara a los conductores a conducir en sentido contrario durante todo el invierno? Eso iría en contra del lado del sentido común del triángulo. La posterior negativa del público a obedecer sería culpa del gobierno, y no del público. En otras palabras, el hecho de obedecer una ley no se debe a la entidad en si de la propia ley, sino a que es suficientemente lógica como para justificar nuestra obediencia.
El tercer lado del triángulo es la ética. Si el gobierno nos ordenara conducir a nuestros ancianos y enfermos a través de una tundra congelada y abandonarlos, según la costumbre esquimal, podríamos llegar pensar que, lógicamente, mejoraría la economía. Pero nadie obedecería, porque sería claramente inmoral. La parte culpable de la insubordinación sería el gobierno que promulgó esa ley y no los ciudadanos que se negaron a obedecerla.
¿Pero cómo se determinan los límites? La ley es, obviamente, determinada por los gobiernos. Un gobierno tiene un poder casi ilimitado para promulgar y hacer cumplir las leyes. Un gobierno, con mayoría en la Knesset, podría promulgar una ley que aplazara las elecciones durante cincuenta años. ¿Por qué no hacerlo? Por una sola razón. Porque sabe que el público no lo aceptaría y los sucesivos gobiernos irían perdiendo credibilidad. En otras palabras, al igual que el rey del cuento, el gobierno aprueba las leyes dentro de los límites de lógica y de ética que supone que el público aceptara. ![]()
El poder siempre se esfuerza por lograr más poder y el gobierno siempre intentará poner a prueba los límites del sentido común y la ética. Pero, afortunadamente, no es el gobierno el que determina estos límites, sino el público. ¿Cómo logra esto el publico? Mediante el uso de su derecho y, en ocasiones, su deber, de negarse a obedecer. Así es como se crea una plataforma lógica y ética para el funcionamiento saludable de una sociedad.
Con el fin de aumentar su poder, el gobierno tratará de convencernos de que la insubordinación causará el colapso del Estado. Pero es completamente falso. Los crímenes más grandes en la historia humana se cometieron cuando los ciudadanos hicieron caso omiso de su obligación de delinear los límites lógicos y éticos para un estado de derecho. Las sociedades en las que pasó esto sucumbieron.
“Los hombres buenos no deben obedecer a las leyes con demasiado énfasis” dijo Ralph Waldo Emerson. Emerson comprendió lo que la tiranía israelí de la desconexión ya no quiere oír. ![]()
Los soldados que obedecieron la ley de expulsión de Gush Katif, a pesar de que sabían que era ilógica y poco ética, trajeron los misiles de Hamas a Beer Sheva, con la consecuente operación Plomo Fundido, el informe Goldstone y la campaña internacional por la demonización de Israel que ha cobrado fuerza día a día. En resumen, la pasión por obedecer de los soldados ha puesto en peligro la existencia misma de Israel.
Lo escrito en la pared de la oficina de Netanyahu es claro: la destrucción de las Alturas del Golán, de los asentamientos en Judea y Samaria y la división de Jerusalén. La delimitación por parte del publico de reglas claras de lógica y ética en la leyes podrá impedir que Netanyahu lleve a cabo su plan.
En las últimas semanas, los soldados de dos unidades de Tzahal expresaron su responsabilidad cívica por negarse a obedecer las órdenes de expulsar a Judíos de sus hogares. Estos valientes jóvenes están en condiciones de salvar a Israel de un colapso.
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